lunes, 7 de diciembre de 2009

Hasta siempre Lía




Ayer, 7 de diciembre de 2009 perdí a una amiga de verdad, mi perra, Lía, partió hacia ese lugar donde habitan los que no están y que ojalá exista.

Las personas que no tienen perro no son capaces de entender el vínculo que crean con sus dueños, porque realmente es difícil de interiorizar cómo un animal puede aportar tanto y tan bueno a las personas con las que viven.

Los perros dan un amor ciego e incondicional a sus amos, y nunca fallan, siempre te acompañan en los días buenos, y siempre están ahí, desplegando amor y fidelidad en los días malos.

Cada mañana cuando te levantas siempre te reciben alegres, con su viva mirada esperando poder ser un poco protagonistas de tu tiempo. Si no lo son, da igual, ellos siempre estarán contigo para cuando quieras.

Cada vez que entras en casa, te reciben con una ilusión y un buen humor que es difícil replicar para los humanos, ya que ellos viven para tí y lo hacen para siempre.

Por desgracia, su intensa vida se apaga mucho más rápido que la nuestra, y dejan tras de sí un merecido dolor en sus dueños. Un dolor que sobre todo muestra gratitud a su desinteresada existencia.

Es por esta gratitud, que entre lágrimas escribo estas palabras, porque el vacío que deja un amigo con mayúsculas merece ser recordado y reconocido.

No concibo mi vida sin la compañía de este maravilloso animal, que personalizo en el mío, pero que aplico a toda la raza, por lo que pronto volveré a disfrutar de la compañía de otro, que no reemplazará a ninguno de los anteriores, sino que contribuirá a afianzar mi amor y mi respeto por ellos.

Hasta siempre Lía, nunca te olvidaré, como tampoco he olvidado a Roco, otro perro maravilloso, ni a King, mi primer perro, que no supe valorar por ser todavía un niño. (Curiosamente, según voy pasando años, los sucesos importantes me afectan más y los triviales cada vez menos)

Un trozo de mi corazón siempre será de mis perros, qué menos cuando el suyo al completo estuvo dedicado a mí.